src='//load.sumome.com/'/> 2014 ~ Marisa Citeroni

Marisa Citeroni - Autor

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sábado, 20 de diciembre de 2014

Relato corto de navidad

Este relato lo escribí para el blog Preciados Momentos y ahora se los dejo aquí a mis seguidoras como mi humilde regalo de navidad para todas ustedes. 



La Navidad de Savannah

Savannah volvía a su casa cansada del día, en su oficina había sido todo un caos. Las Navidades para ella eran insoportables, nunca le habían gustado. En realidad no le gustaba cuando la pasaban en casa de sus padres porque no se terminaba bien la noche. Peleas, primos o tíos que se pasaban de copas y luego de las doce campanadas parecía ponerse peor, si eso fuese posible. Siempre terminaba en su cama triste y decepcionada con otra Navidad igual a la anterior. No eran alegres, no eran divertidas, en su casa no existía noche de paz, amor ni felicidad.

Con casi sus diez años había aprendido a disfrutar en esas fechas de las decoraciones de los escaparates de las tiendas. Las luces de los frentes de las casas de los vecinos y la alegría de sus amiguitos con sus regalos de Papá Noel, que a ella nunca le llegaban. Cuando apenas había cumplido cinco años sus padres le habían comunicado que nada de toda esa magia existía. Ni Papá Noel, ni los Reyes Magos, ni el Ratón Pérez y no recordaba ya quién más, así era de cruda su realidad con tan escasa edad. Había nacido en una familia totalmente insensible, lo que ellos consideraban Navidad era sentarse delante de una inmensa mesa y atiborrarse de comida y alcohol. Con el consiguiente desenlace de riñas y peleas hasta con los puños.
No, nunca le gustó la Navidad. Apenas cumplidos sus dieciocho años Savannah se mudó de casa y de ciudad y nunca volvió a saber de su familia. A ellos tampoco les interesaba saber de ella, ni se molestaron en buscarla o ponerse en contacto, continuaron viviendo como si tal cosa. Con sus casi veinticinco años su vida había cambiado mucho. Se había esforzado en sus estudios y había logrado graduarse con las mejores notas. Trabajaba para una importante empresa de marketing, tenía su propio piso en la mejor zona de la ciudad y una buena cuenta bancaria. Pero no había logrado cambiar sus Navidades, por lo que decidió que ese año sería el momento oportuno.
Le prometió a su compañera de oficina y amiga que asistiría a su fiesta. Vanesa preparaba todos los años un brindis al terminar el horario de oficina para celebrar el nacimiento de Jesús y otro para despedir la noche vieja, como decía ella. Llegó a su piso se quitó la ropa de la oficina se puso unos jeans, un cárdigan y unas botas, tomó su abrigo y salió a comprar su primer árbol de Navidad. Compraría uno artificial, nunca estaba en casa para uno natural y de ninguna manera cortaría uno para que muriese. Adornos, copas, nunca había tenido copas, pero su amiga le aseguró que no estaría sola estas fiestas por lo que supuso que ella iría a visitarla.
Con todo lo necesario pidió un taxi y volvió a su casa con una inusual alegría, se había comprado dos vestidos nuevos para las fiestas de la oficina, que le encantaron y salían de su acostumbrado estilo. Sentada frente al fuego del hogar con una copa de vino en la mano evaluaba dónde ubicar el pino y los adornos. Mientras escuchaba una suave música se puso manos a la obra. Dos horas más tarde su apartamento había cambiado totalmente y ella había quedado encantada con el resultado. Su vida esa Navidad no cambiaría radicalmente, pero con los adornos y el pino había dado un gran paso. Había colocado dos botellas de champagne en la nevera y tenía algunos dulces en la mesa principal. Con eso bastaría en caso de que Vanesa decidiese visitarla.
Estaba exhausta, el día había sido agotador. Tomó una ducha y se fue a descansar, al otro día debía ir temprano a la oficina.
En la oficina estaba detrás del ordenador concentrada en su trabajo cuando Vanesa le preguntó para quién era ese regalo que estaba a los pies de su mesa de trabajo. Sin entender de que hablaba se levantó y rodeó el escritorio para mirar el presente que señalaba su amiga. Una importante caja con una botella de champagne y dos copas de finísima calidad con un gran moño y una tarjeta, descansaban a sus pies. Se agachó para tomar la misiva y mirar para quién era en realidad.
S. esta Navidad será diferente... espérame. D.
—¡No dijiste que tendrías compañía! —la acusó Vanesa.
—¿Cómo sabes que esto es para mí? —preguntó sin entender.
—No te hagas la tonta, somos dos en esta oficina tú eres “S” y yo soy “V”, no hay muchas vueltas que darle.
—Pero no conozco ningún D, no estoy saliendo con nadie Vanesa —se explicó Savannah.
—¿Qué me dices del gran jefe? —preguntó Vanesa haciendo referencia al dueño de la empresa —te vi cuando salieron juntos esa tarde del edificio.
 —Eso fue hace meses, solo tomamos un café, sabes que lo mandé a paseo cuando se me insinuó, no voy a formar parte de su harén de mujeres.
En realidad había quedado encantada con Damián, era todo un caballero, muy lindo, muy inteligente, pero ella no podía creer que le gustase. La había tratado con una dulzura y delicadeza que eran desconocidas para ella en un hombre. Pero eso no lo excusaba de ser mujeriego. Siempre estaba acompañado por una hermosa mujer, fina y distinguida, no era nada de eso y no estaba dispuesta a que un niño rico se burlase no era una niña. Por lo que lo apartó de su lado, aunque su cuerpo, su piel y todo en ella protestara por lo contrario.
—Eres una tonta, se ve a lo lejos que está muy interesado en ti —insistió Vanesa.
—Sí, muy interesado en mí y sale en las revistas y diarios con distintas mujeres en cada evento, a veces con más de una.
—Eso es porque tú no le haces ni caso —aseguró Vanesa.
—Ni se lo pienso hacer —replicó Savannah.
A media mañana sonó su celular en el cajón del escritorio, lo que le pareció muy raro las llamadas solían ser de Vanesa y estaba frente a ella trabajando. Lo tomó y se sorprendió al escuchar la voz del otro lado del teléfono.
—¿Savannah, cómo estás? soy Daniel.
—¿Cómo estás Daniel? Ha pasado tiempo —dijo un tanto confusa por el llamado.
—Lo sé ya no vivo aquí, estoy de paso por la ciudad y quería invitarte una copa.
—Estoy trabajando en estos momentos.
—¿A qué hora sales?
—Pasadas las siete —respondió al fin sabiendo que no lograría escapar de la invitación.
—¿Trabajas en el edificio “Monroe” verdad? Nos vemos en el bar de la planta baja —dijo sin esperar respuesta y colgó.
Al parecer Vanesa se había equivocado no era de Damián Monroe el regalo, sino de Daniel. Y no pensaba pasar la Navidad con él ni loca, era casado hacía muchísimos años, pero nunca perdía oportunidad de tirársele encima. No sabía cómo lograría escaparse de su compañía esa noche y poder volver sola a la tranquilidad de su piso. Tras una intensa jornada de trabajo Savannah estaba saboreando la hora de poder irse a casa cuando recordó que debía encontrarse con Daniel al salir de allí. La idea no la deslumbró pero debía ir, tomaría una copa conversaría de algún tema intrascendente y se iría a descansar al otro día por la noche era la celebración en el trabajo organizada por Vanesa.
Cuando llegó al bar Daniel la esperaba en la barra, lo saludó y se sentó en la esquina un tanto alejada del hombre.
—¿Cómo has estado? Cada vez más bella por lo que veo —dijo dedicándole una mirada lasciva, que a Savannah le produjo un asqueroso escalofrío en todo su cuerpo.
—Muy bien y ¿tú? ¿Sobre qué querías hablarme? No tengo mucho tiempo.
—Veo que sigues siendo tan fría como siempre —contestó Daniel visiblemente borracho.
—¿Me has llamado para insultarme? Estás borracho, me voy —dijo Savannah mientras intentaba alejarse.
Daniel fue más rápido y la tomó del brazo impidiéndole escaparse.
—No tan rápido iceberg, no vine hasta aquí por nada, esta noche te vas conmigo —aseguró apretándole con fuerza el brazo.
Savannah realmente se asustó, empezó a respirar con dificultad y estaba pensado seriamente en romperle la botella que llevaba en la caja de regalo, en la cabeza. Respiró hondo y totalmente decidida a zafar del agarre a la que la estaba sometiendo ese energúmeno, levanto el brazo dónde llevaba la botella. En el momento exacto en que estaba por dejarla caer en la cabeza de Daniel una gran mano la tomó por la muñeca y la detuvo. Llevándola hacia su espalda, y por encima de su cabeza habló con un tono grave, duro.
—¿Se puede saber por qué estas agarrando a mi novia del brazo? —preguntó con el ceño fruncido el recién llegado.
—¿Su, su novia, señor Monroe? —preguntó cómo cachorro asustado, soltándola de inmediato.
—Sí, mi novia, te hice una pregunta —insistió Damián Monroe.
—No, eh, sí, disculpe señor pensé que ella quería...
—¿Insinúas que ella quería algo contigo? —formuló la pregunta más enojado aun.
—No, no, no, por supuesto que no señor, ha sido culpa mía, disculpe... disculpe señorita Savannah —dijo el pobre infeliz mientras escapaba del lugar con el rabo entre las patas, como el perro que era.
Savannah había presenciado toda la conversación totalmente atónita mirando el proceder de cada uno de los dos machos que tenía enfrente. Uno que solo era muy hombre con las mujeres delante de otro de su especie no era más que un lamentable cobarde. El otro, no sabía que pensar del otro.
—¿Su novia señor Monroe? —preguntó imitando al borracho que había formulado la misma pregunta unos minutos antes.
Con una gran sonrisa Damián se sentó en el taburete cerca de ella y acercó su cara al rostro de la joven.
—No me vas a decir que su cara y su reacción no fueron un poema —acotó muy divertido.
—Yo puedo defenderme sola, de hecho estaba a punto de hacerlo —aseguró Savannah.
—Sí, lo sé, rompiéndole al infeliz una botella de champagne de miles de dólares en la cabeza —respondió quitándole el regalo de la mano y colocándolo sobre la barra mientras le indicaba que se sentase a su lado.
—¿Bueno y eso a usted que le puede importar? —preguntó sin entender.
—Porque quería beberlo contigo, no que se lo desperdiciaras en ese cabeza hueca.
Estaba por pedir que le explicase de que hablaba porque no entendía cuando entraron dos rubias impresionantes, dos bellezas de pasarela y se le acercaron lo tomaron del brazo y lo alejaron para hablar con él. Ese fue el momento que aprovechó Savannah para escaparse, salir a la acera, llamar un taxi y perderse en la noche. Damián salió corriendo a alcanzarla con la caja de regalo en la mano, pero era tarde se le había vuelto a escapar. Tendría que tomar medidas drásticas la próxima vez.
Savannah no podía entender por qué ese hombre le gustaba y la asustaba mucho a partes iguales, podía ser posible que le asustase el hecho de caer en sus redes sabiendo que él solo quería agregar una mujer más a su extensa colección. Estaba segura que no podría resistirse a sus encantos por mucho tiempo más y al parecer él no pensaba ceder en sus demandas con ella. Al fin y al cabo era de carne y hueso y hacía ya mucho tiempo que estaba sola.
Ese era el gran día del festejo en la oficina que Vanesa había preparado con gran esmero. Savannah se fue con su indumentaria habitual, pero llevó uno de los vestidos que había elegido para la ocasión, se cambiaría al terminar su horario de trabajo después de ayudar a su amiga con los últimos preparativos. Ese día de trabajo en particular había sido muy alegre, todos estaban felices y cada uno que pasaba frente a las puertas de las oficinas de las chicas, dejaba algún regalo para que se pusiese bajo el Árbol. También traían bandejas de comida y adornos para ser agregados en la sala de conferencias en el último piso del edificio. El señor Monroe había cedido ese lugar para que preparasen el brindis para todos los trabajadores de edificio, que era uno de los salones más grandes.
Cuando hubo terminado la jornada en la oficina, Savannah y Vanesa subieron al último piso y terminaron de acondicionarlo. Había quedado precioso con unas largas mesas al centro con manteles navideños, copas vacías esperando el momento de ser usadas. Al fondo del salón resplandecía un árbol con sus intermitentes luces invitando a la magia navideña a reunirse a su alrededor. Guirnaldas y moños cruzaban a lo largo dando un hermoso ambiente. Desde su oficina en la puerta de enfrente a la sala de conferencias las observaba Damián disponiendo todo, la cara de niña feliz que tenía Savannah en ese momento permanecería en su mente por mucho tiempo. Daba la sensación de estar festejando la Navidad por primera vez, lo cual era una estupidez pensar, a su edad debía tener muchas fiestas en su haber.
Con todo listo las dos amigas regresaron a su oficina para cambiarse de ropa, maquillarse y tomar algunos regalitos que habían preparado entre ambas para todo el personal. Cuando Savannah salió del pequeño baño de la oficina, Vanesa quedó con la boca abierta. Llevaba un ceñido vestido rojo, que por delante no decía mucho pero, su espalda estaba totalmente descubierta hasta casi su cintura, con tiras de pequeñas perlas que cruzaban de un lado a otro sosteniendo los laterales del vestido.
—¡Estas preciosa! Amiga nunca te había visto así, nuestro jefazo va a delirar cuando te vea —gritó Vanesa con alegría.
—No seas tonta Vane ¿Crees que el gran Monroe se va a dignar a brindar con el personal?
—Por supuesto que sí, todos los años se acerca a saludarnos —aseguró Vanesa.
—Mmmm, entonces no estoy tan segura de querer ir —vaciló Savannah al recordar cómo había escapado de él la noche anterior.
—No seas tonta, me prometiste que este año estaríamos juntas y así lo haremos —la tomó del brazo y la arrastró hasta el ascensor.
Cuando llegaron al salón ya había mucha gente, todo era risas y murmullos. Sonaba música y el ambiente era de alegría y felicidad. Savannah miraba a su alrededor fascinada, era la primera vez que estaba en una fiesta de verdad. Se mezcló entre la gente, pero tratando de mantenerse cerca de la puerta de salida. Conversaba alegremente con un grupo, cuando todos comenzaron a girarse hacia la entrada, para ver al dueño de las empresas Monroe hacer su ingreso triunfal. Por supuesto acompañado por un séquito de hermosas mujeres, todas ellas parecían salidas de figurines de modas. Caminaron a lo largo del salón saludando a todos a su paso hasta llegar cerca del árbol de Navidad, allí se paró Damián junto a sus amigas con una copa de champagne e hizo un brindis general. Luego fue caminando a lo largo de la extensa mesa saludando a cada uno de sus empleados mientras las mujeres que lo acompañaban se quedaron en un grupo junto a la cabecera.
Cuando llegó donde se encontraba Savannah, luego de brindar y saludar a los que estaban a su alrededor, chocó su copa con la de ella y le dijo en voz muy baja solo para que lo oyese ella.
—Este brindis es por la empresa, luego brindaremos a solas —le aseguró guiñándole un ojo.
—Eso le puedo asegurar que jamás pasará, ya le dije que yo no voy a formar parte de su harén —le dijo señalando al grupo de chicas al otro lado del salón.
Damián se dio la vuelta para mirar el lugar que señalaba Savannah y el enojo que le produjo aquella afirmación, lo llevó a tomarla por el codo y prácticamente la arrastró con él. Haciendo caso omiso a las quejas de ella, siguió arrastrándola hasta llegar frente al grupo de las mujeres.
—Chicas quiero presentarles a Savannah, creo que ya les hablé de ella —les dijo Damián al grupo de nueve mujeres que tenía frente a él.
—¡Holaaaaa! —saludaron todas juntas.
—Savannah te presento a mis hermanas, Carina, Estela, Inés, María, Juliana, Jimena, Cecilia, Rachel e Irina —dijo Damián mirándola muy serio.
—Ho, hola —fue lo único que pudo decir antes de encontrarse rodeada por todas ellas y de ser besada en la mejilla por cada una.
Damián la dejó con sus hermanas y se acercó a un grupo de caballeros con los que aún no había compartido un brindis personal ni saludos o comentarios. Mientras conversaba observaba a la mujer que lo tenía loco desde que había entrado a trabajar a su empresa y que nunca lo había dejado acercarse. Era tremendamente hermosa y parecía una niña con un regalo nuevo, alegre, feliz, les prestaba atención a todo lo que le decían sus hermanas y reía ante los distintos comentarios. Era claramente desinteresada, o se le hubiese tirado encima apenas le había insinuado que le gustaba, tenía una pizca de inocencia combinada con una belleza angelical. Pero con un carácter de los mil demonios.
Savannah sentía los ojos de su jefe fijos en ella, las chicas eran muy simpáticas, pero ella en ese momento se sentía fatal. Lo había acusado estar siempre rodeado de distintas mujeres y ahora mirándolas de cerca a esas chicas se daba cuenta que siempre estaba con una de ellas, una de sus hermanas. Ella lo había acusado de tener un harén de mujeres a sus pies, estaba avergonzada y en ese momento no pensaba en otra cosa que en la manera de poder escaparse a su casa. Pronto vio su oportunidad cuando entró a saludar y a brindar con el personal el vice presidente de la empresa. Damián le dio la espalda para conversar con él, ella se despidió muy simpática de las chicas Monroe y salió huyendo. Fuera del salón corrió por el pasillo hasta alcanzar un ascensor, una vez dentro logró volver a respirar, cinco minutos más tarde estaba dentro de un taxi rumbo a su piso.
Después de una ducha reparadora, se colocó un sweaters de lana hasta mitad de pierna y unas medias también de lana que le tapaban las rodillas. Acercó una bandeja junto alfuego y se sentó en la alfombra, se sirvió una copa de vino y su mente comenzó a recordar el bochorno que había resultado su primera fiesta navideña. Estaba tan avergonzada que no sabía cómo iba a poder mirar a la cara a su jefe otra vez. Ella había pensado que tanta amabilidad, tanto perseguirla, decirle que ella le gustaba era únicamente para conquistarla y agregarla a su grupo de mujeres. Que habían resultado ser sus hermanas.
¿Pero quién podía imaginar que tenía nueve hermanas? Pensó Savannah riéndose de ella misma.
Estaba muy concentrada en sus cavilaciones, con la mirada perdida en las llamas del fuego, cuando el timbre de la puerta la sobresaltó. Estaba segura que era Vanesa que venía muy enojada con ella, había decidido no abrir pero un nuevo timbre la apremió a responder. Mientras se acercaba a la puerta empezó a decirle su amiga que la disculpase.
—No puedo creer que me hayas dejado sola y con todo el desastre para mi… —Vanesa entró como un huracán hecha una furia.
—Lo… lo siento no quise irme así pero... —su amiga levantó una mano negando con su cabeza para cortar sus excusas, no las quería escuchar.
—Me estoy cansando de tus rollos para las Navidades, todos los años es lo mismo, ¿no crees que ya es tiempo de superarlos? Eres un adulto por el amor de Dios, ya no eres una niña, debes dejar tú pasado atrás y continuar con tu vida —esos y muchos regaños más siguieron por espacio de más de media hora.
—Está bien Vanesa, ya entendí… no me regañes más. Te he pedido disculpas no sé qué más hacer —dijo Savannah realmente arrepentida.
—Yo sí sé que más harás, he hecho la limpieza de la mitad del salón, toma te dejo las llaves, el guardia te abrirá para que entres al edificio, mañana te tocará la otra mitad —dijo enojada y acercándose a la puerta para irse.
—Mañana es Nochebuena —dijo pensando que Vanesa lo había olvidado.
—¿Y eso a ti que te importa? Tú nunca celebras nada, da lo mismo el día que sea. Mañana por la tarde te quiero en el edificio Monroe haciéndote cargo de tus responsabilidades —dijo muy enojada y se fue dando un portazo.
No es que Savannah no supiese que había hecho mal, pero era la primera vez que veía a Vanesa realmente enojada con ella. Siempre había sido muy buena y comprensible. Esa noche la había jodido hasta con la única amiga que tenía. Si había pensado que esta Navidad sería diferente, no se había equivocado, estaría aún más sola, sin siquiera el llamado o la compañía de Vanesa. Pero todo era su culpa por lo que tendría que aguantarse, con lágrimas corriendo por sus mejillas se fue a su cama, solo para pasar una noche más de insomnio.
No había dormido en toda la noche, por lo que se había quedado dormida en el día. Se despertó a las seis de la tarde sobresaltada. Su amiga la mataría, el salón del edificio ya debería estar limpio, saltó de la cama, se dio una ducha rápida, comió unos bocadillos del día anterior, pidió un taxi y se dirigió al trabajo. Cuando llegó el guardia le abrió como le había dicho Vanesa, aunque lo encontró más sonriente de lo usual. Tas saludarlo, salió disparada al ascensor, quería terminar la limpieza rápido y volver a su casa a dormir.
Cuando llegó al salón de conferencias del último piso, comprobó que su amiga no le había mentido, quedaba la mitad por limpiar por lo que se puso manos a la obra. Inspiró profundamente y comenzó a tirar los desperdicios y a levantar la vajilla, dos horas después había dejado el salón impecable, salía arrastrando una gran bolsa de basura cuando casi chocó con el guardia que venía hacia ella.
—Señorita Savannah ha llamado el señor Monroe pidiendo un sobre que dejó en su escritorio, dice que lo necesita urgente —dijo el hombre con cara afligida mostrando el sobre en cuestión que ya tenía en sus manos.
—¿Es este? —preguntó Savannah.
—Sí, era el único sobre en medio del gran escritorio, estaba preparado allí, es evidente que lo olvidó.
—Entonces lléveselo enseguida —urgió Savannah.
—No, no puedo ir yo señorita, no puedo dejar mi puesto de trabajo y en este momento mi esposa y mi hijo vienen hacia aquí a pasar la Nochebuena conmigo —respondió consternado el guardia.
—Entonces llame a un mensajero.
—¿A esta hora, un día como hoy?
—Está bien démelo, se lo llevaré yo al señor Monroe —dijo Savannah con evidente disgusto mientras tomaba el sobre de manos del guardia.
—Muchas gracias señorita, afuera la está esperando el taxi —dijo el hombre con alegría.
Ella lo miró con el ceño fruncido, había llamado un taxi como si supiese que iría. Sin darle más vueltas al asunto se subió al auto que la esperaba en la puerta y le dio la dirección que le había dado el guardia. Llegaron a una casa enorme como había supuesto Savannah que era la residencia del señor Monroe, el taxista paró frente a una gran escalinata. Subió los escalones que la separaban de la puerta principal rezando porque la atendiese un empleado y ninguno de los hermanos. Pero por supuesto la suerte no estaba de su lado como siempre y antes siquiera de llegar al último escalón tenía frente a ella a Damián. Tan apuesto como siempre y tan simpático como siempre.
—Muchas gracias por venir Savannah —dijo sin más su jefe.
—No hay por qué darlas señor Monroe, aquí está el sobre que pidió —dijo extendiendo su mano.
En ese momento salieron disparada hacia dónde ellos se encontraban cuatro de las hermanas de Damián, hablando todas juntas como era al parecer su costumbre.
—Savannah que alegría volverte a ver —dijo una.
—Te quedas a cenar con nosotros —dijo más que preguntar otra.
—Damián dijo que no tienes familia —acotó una tercera.
—Les agradezco pero no estoy vestida para la ocasión, vuelvo a mi casa —intentó querer escapar Savannah aún con el sobre de papel en la mano.
—De ninguna manera, te quedas con nosotros y vamos a mi dormitorio y te vistes con lo que quieras para estar cómoda —sentenció la cuarta.
Inmediatamente se vio arrastrada por las chicas sin poder negarse hacia la parte de atrás de la casa. Mientras Damián las miraba con una gran sonrisa en su rostro.
—Señor Monroe sus papeles —gritó Savannah mirando para atrás y mostrando el sobre.
—Es tuyo mira la tarjeta dentro —le respondió Damián aun sonriendo y entrando en la casa.
Sin entender Savannah siguió a las chicas al dormitorio de una de ellas, al entrar se encontró en mitad del cuarto con un perchero con varios vestidos todos nuevos. Los miró alucinada era uno más bello que el otro de una marca importante que costarían una fortuna. Miró a la dueña del dormitorio sin entender.
—No puedo usar tus vestidos nuevos, ni siquiera los has estrenado.
 —¿Mis vestidos? —preguntó la hermana sin entender— son “tus vestidos nuevos”.
—No, no puedo aceptar que me regalen cosas tan caras —dijo Savannah intentando marcharse.
—Mira, se está haciendo la hora de la cena y la familia nos espera, escoge el que más te gusta y luego ya discutiremos sobre el resto.
Las cuatro la miraban expectante por lo que escogió uno cualquiera, eran todos hermosos. Una de ellas le mostró el baño para que se lo pusiese, cuando salió volvieron a juntarse a su alrededor admirando el buen gusto del vestido y lo bello que le quedaba. La sentaron frente al tocador mientras una le alcanzaba los zapatos a juego, otra le hacía un peinado y una tercera la maquillaba. Al parecer las hermanas estaban acostumbradas a trabajar en conjunto y cada cual tenía una tarea asignada, en poco menos de quince minutos estaba lista para ir al salón principal de la casa para su primera noche navideña en compañía. Se sentía muy nerviosa, tenía miedo de desentonar con el resto de la familia o cometer algún error. Pero sin siquiera saber lo que estaba pensando una de las hermanas la tranquilizó.
—Estás hermosa, no te preocupes que no eres la única fuera de la familia, también cenaran con nosotros los esposos y novios de mis hermanas. Sí, eres la única mujer pero no te preocupes por eso a mi madre le encantarás.
Todas habían terminado de arreglarse y luego de alabar a Savannah por su belleza la tomaron del brazo y salieron en tropel al comedor. En ese momento ella recordó algo.
—Esperen un segundo —todas quedaron paradas en medio del pasillo, viendo como Savannah volvía al dormitorio.
Entró y buscó con la mirada hasta encontrar el sobre depositado en la mesita de noche. Con manos temblorosas lo abrió y sacó la blanca tarjeta con escritura dorada.
¿Quieres formar parte de mi harén?
La colocó nuevamente en el sobre y la dejó junto a su ropa en la cama con una gran sonrisa, volvió al pasillo con las chicas y de ahí a enfrentar la que se suponía su primera fiesta de Navidad normal.
Estaba nerviosa y casi temblando por el recibimiento que tendría entre la gente que no conocía. Todo se le pasó al ingresar al amplio comedor donde ya estaban todos reunidos. Inmediatamente se les acercó la madre de las chicas y sin decirle nada la abrazó muy fuerte y le dio la bienvenida a su casa. Lo mismo hizo el padre y así uno a uno se fue presentando y sentándose en el lugar asignado. El último en llegar a su lado fue Damián que le dio un tierno beso en la mejilla.
—Más hermosa... imposible —le dijo giñándole un ojo y acompañándola a sentarse a su derecha.
La noche no podía ir mejor, cenaron en una muy divertida y agradable conversación dónde conoció un poco más de todos a través de las anécdotas que fueron contando. Todos eran muy amables y de a poco la fueron introduciendo en las distintas conversaciones. Cuando se estaba acercando la medianoche, todos se trasladaron cerca del pino de Navidad para un brindis. Luego de las doce campanadas un mozo se acercó y les fue sirviendo una copa a cada uno, menos a ella y a Damián lo que la sorprendió pero no por mucho tiempo. Detrás del mozo se acercó él con una sonrisa y con dos copas llenas que eran las que le habían dejado al pie de su escritorio. Le alcanzó una a ella y la quedó mirando.
—Te dije que esta Navidad sería diferente —acotó mientras le sonreía.
—Era tuyo... —Damián le cortó la frase.
—Espero una respuesta —le dijo al oído.
—Sí —dijo ella apenas en un susurro.
—Perdona ¿Qué?
—Sí, sí quiero formar parte de tu harén —dijo totalmente ruborizada.
Damián levantó su copa y dijo para todos, con una gran sonrisa y con su rostro lleno de felicidad.
—¡Feliz Navidad!
Se dirigió a Savannah, mientras los demás se besaban y se deseaban felicidades, la tomó de la mano y la alejó un poco de la familia, la besó apretándola muy fuerte contra su cuerpo.
—Por ti. Por “La Navidad de Savannah”.

Marisa Citeroni

viernes, 19 de diciembre de 2014

¡Felices Fiestas!

Muy felices fiestas a todas mis seguidoras y amigas que he cosechado en este maravilloso mundo, blogger y literario. Esperando seguir juntas por muchos años más.







miércoles, 17 de diciembre de 2014

Gabriela Vallejo


Biografía: 
Nacida en Tucumán (Argentina) el 20 de Agosto de 1980. Lic. en Comunicación Social y Técnica en Periodismo y Publicidad. De corazón argentino-español.




(…)Más allá de las fórmulas elegidas, el acento de Álter está en la frialdad de la autora para asesinar princesas, para llevarnos dos metros bajo tierra, y aún más profundo, donde se respira la muerte en el metro. O para instalar la tragedia griega en una carnicería, para cocinar un caldo con ingredientes secretos y también manjares fritos. O para instalar el espanto en terrenos tan insospechados como femeninos: el modelaje y la manicura, los espejos y la peluquería. O para desenmascarar terrenos más masculinos como la ruta, el turismo sexual, o la voracidad del ejecutivo en busca de un salario más alto. (…)La sangre de los personajes alterados, tallados a imagen y semejanza de la autora, desborda sin manchar al lector. Con ustedes, el trastorno hecho libro. Adelante.

Reseña:
Antes que nada quiero agradecer a la autora por mandarme el libro. Debo decir que me costó tomar la decisión de leerlo, porque no es el género que acostumbro, por lo que pido disculpa si no gusta mucho mi reseña. Voy a hablar del libro en general ya que se trata de una recopilación de varios escritos. En algunas ocasiones, no he entendido de que va la redacción, por momentos encuentro que la autora recorta por demás y no entiendo el relato. En otros me ha parecido muy bueno y me ha sorprendido el final. Creo que podría haber sido un poco más liviana la escritura para poder ser más comprensiva. Pero nada que no se pueda arreglar con un poco de pulido. La autora utiliza un lenguaje acorde con los relatos, lo que me hace pensar que quizás sea ese el motivo por lo que me ha parecido difícil de entender. Es rápido en acontecimientos, fluido y morboso. En general es buena y creo que a los amantes del género les gustará mucho.


viernes, 12 de diciembre de 2014

Lorena Martínez

Muchas gracias a Lorena por su amabilidad, es un placer para mi poder seguir dando a conocer a los autores un poco más íntimamente.



Biografía:
Nací en Colombia, en una pequeña ciudad de la costa llamada Sincelejo, en una familia normal, cariñosa, con problemas pero autosuficiente. Pese a eso no tuve una vida corriente, mi niñez fue algo complicada, estuve enferma seriamente y tuve que cuidar de mí desde mis cortos nueve años. Debido a esto mi vida tuvo muchas limitaciones, hasta que me encontré con las letras y la música, quienes me ayudaron a crear un mundo para mí, en donde podía ser lo que sea que quisiera… 
Mi familia siempre me ha apoyado, incluso cuando quise estudiar medicina, carrera que aún sigo en curso, así que además de eso, escribí varios libros clandestinamente desde mis diez años, comenzando con apenas unas pocas cincuenta páginas hasta un hoy por hoy de más de trescientas. Nadie sabía de mis escritos, ni de mi pasión, sólo los hacía para mí y me sentía feliz con ello. El sentido de mis letras no ha sido ni es comercial, es espiritual así como lo es la música para mí.
En septiembre del 2013 me decidí a compartir lo que escribo, mediante blogs y páginas webs logré llegar a más personas, quienes manifestaron que les encantaba mi trabajo, razón por la cual me he decidido hacer de mi pasión algo público, y que personas ajenas a mí puedan disfrutarlo leyéndolo tanto como a mí me encantó escribirlo. 
Lo que antes era una inseguridad para mí ahora se ha convertido en un motor extra para avanzar en mi vida pese a los problemas, mis letras no sólo me ayudaron a salir adelante cuando lo necesité, sino que ahora se han convertido en una parte de mí, parte que hoy quisiera compartir con ustedes...


Cuéntanos ¿quien es Lorena Martínez?

Lorena es una chica fuera y a la vez dentro de lo común, creativa, alguien que no se conforma con algo menos que extraordinario, una chica a la que la vida obligó siempre a dar más de sí misma para conseguir lo que quiere… Sin embargo, le encantan los hobbys tranquilos pero que no todos pueden hacer con la misma pasión… como cantar, escribir, leer, diseñar… 

¿Cuándo surgió la idea de escribir?

Hace mucho tiempo, cuando yo tenía unos… ocho años… en el colegio, me dejaron para leer un libro… Pero odié el final… Entonces tomé un par de hojas de mi cuaderno para escribir cómo me hubiese gustado que fuera,(recibí un buen regaño por eso, no tenía permitido quitar hojas… porque sí, me las contaban jajaja). Lo primero que escribí fue un pequeño cuentecito, recuerdo que tomé una portada de pasta de un diario que se me había dañado y le pegué un par de hojitas… Hice dibujos y todo, pero bueno, pensé que podía hacer más cosas, así fue que continué con poemas, canciones… hasta que hice mi primer cuento de unas cincuenta páginas acerca de mí… Fui creciendo, hasta hoy que puedo escribir más de trescientas páginas.

¿Qué géneros escribes?

Me gusta la acción, romántica, paranormal, suspenso… siempre intento combinar varios elementos al tiempo… Darle emociones a mis escritos… así que siempre son combinaciones… La más reciente, involucra todos los géneros mencionados.

Cuéntanos sobre “Oculto”

Oculto es un libro que hice pensando en la vida de muchas personas que viven bajo la sombra de sus progenitores y que muchas veces son discriminadas por ello. Gyselle es un personaje que nació de la idea: “¿Qué haría yo si tuviera un padre…?” obviamente, le coloqué muchos elementos más a la trama principal, pero prácticamente me concentré en eso… Gyselle es como yo en muchos sentidos, empezando por su profesión. No quise hacer un personaje totalmente perfecto, pienso que la imperfección en las personas es lo que hace que seamos humanos… Allí fue cuando creé a Alexander… El complemento de esa insegura personalidad de Gyselle… Me encantó la idea de que la imperfección de ambos, hicieran un amor “perfecto”.

¿Cómo fue el proceso para la novela, cuanto tiempo te llevó?

Bien, la novela empezó a escribirse en agosto del 2013 más o menos… y la terminé en Marzo del 2014… así que me llevó alrededor de unos siete meses… la escribía por capítulos… Cada capítulo llevaba una trama principal escrita en un cuaderno, que luego llevaba al teclado de mi laptop con los diálogos, las comas y esas cosas… Yo los escribía y mi amiga Lisseth los editaba en coherencia e ideas de lo que podría añadir o quitar… Fue un período muy divertido para mí.

¿Tienes otros proyecto? Cuéntanos.

Sí, Ufff… Mi mente jamás para ni siquiera cuando duermo, de hecho de mis sueños es que saco las mejores ideas para mis historias… Bien, la secuela de Oculto: “Herederas Del Legado” que aún se escribe, “Gravedad”, que es una trilogía, de género paranormal… y de último… “La reencarnación de Afrodita”, que también es una trilogía y paranormal… están en proceso las tres de escritura, pero la primera, está casi en su culminación.

¿Tienes manías a la hora de escribir?

¿Manías? Jajajaja sí!! Muchas… Tengo un Tic terrible… Cuando me quedo estancada en algún tramo de la historia me rasco la barbilla, de modo que cuando no tengo mucha inspiración, o dejo de escribir, o me quedo sin esa parte de mi anatomía… 
También tengo que escribir sí o sí con música, y hay momentos en que me quedo viendo la pared del frente pensando… Cuando escribo no sólo imagino la escena sino un póster para ello… Es parte de mí, es lo que soy.

¿Cuál fue la mejor novela que hayas leído? y ¿la peor?

¿La mejor? Dios, eso es difícil… Tengo muchas favoritas… pero de quedarme totalmente satisfecha sin objeciones… Ha sido Crepúsculo… Para muchos es una saga que habla de un amor tonto vampírico, pero más que eso, para mí fue una novela que de alguna manera, sin tratar de verte como un gran genio de la literatura, transmite sentimientos ingenuos, entre dos personas que tienen un amor que podría decirse imposible… Muchos lectores toman la obra literalmente: Vampiro y humana… Yo intento pasarla a un trasfondo de la vida real, dos chicos muy distintos que tienen muchas inseguridades sobre sí mismos, pero que se complementan juntos… Por eso me encanta. Y otro libro para destacar, ha sido “la Selección” La saga completa, uff Dios santo… ¡Me encantó!
Y bueno… ¿La peor? Ok, no voy a decir “la peor”, me parece que todos los autores colocan mucho empeño en sus obras y bueno, las novelas que he tenido el placer de leer han sido muy buenas, pero de pronto con la novela que menos me identifiqué, fue “Mi querido Zar”, No porque “fue mala” sino porque no me gustó mucho el tema como tal… (Espero no herir susceptibilidades), sólo no es mi tipo… y porque no estoy de acuerdo con algunos conceptos y personalidades de los personajes que se plantean en el libro… Pero nada más… 

¿Tu autor preferido?

No voy a escoger uno solo así que la lista es: Stephenie Meyer, Katy Evans, Samantha Young, Sylvain Reynad, Kiera Cass.

¿Qué opinas sobre la autopublicación y la publicación por editorial?

La autopublicación me parece una idea estupenda, las editoriales no brindan las oportunidades suficientes para tantos autores con mucho talento que existen, y sería una lástima que se perdieran tantas buenas historias… Las editoriales, siguen siendo una plataforma estupenda para los autores, pero ya que todos no pueden recibirse… La autopublicación es clave para preservar los talentos no explotados.

¿Digital o papel?

Oh, ambos… No tengo problema en leer en digital, pero definitivamente, no hay nada mejor que tener el libro en tus manos y pasar las hojas del papel, colocar un marca páginas y abrir el libro una y otra vez, ver las hojas gastadas a los lados de tantas veces que lo has abierto… Me encanta… Pero no es fácil sacar libros en papel… Requiere tiempo y dinero, por eso también Amo el digital… 

Muchas gracias por tu amabilidad, bienvenida a mi blog.

A ti por darme esta oportunidad.

Sinopsis:
Lorena Martínez
Gyselle Campbell es una médica recién graduada de la universidad, quien intenta vivir una vida tranquila pese a su oscuro pasado, hasta que un día conoce a Alexander Miller, un guapo y famoso diseñador de automóviles que mueve su mundo totalmente.
Lo que no saben, es que ambos se ocultan grandes secretos de vida que nunca pensaron que podrían llevarlos al límite de la desesperación y el peligro, secretos que podrían cambiar sus vidas para siempre.
Pasión, intrigas y acción, Oculto te llevará a una historia totalmente inédita y original, donde el amor es el punto de partida...







Sorteo de la autora Grace Lloper

Para mis apreciados lectores, ¡un sorteo por Navidad y Año Nuevo!
REGLAS:
1* Debes darle "Me gusta" a la página de Facebook "Los libros de Grace Lloper":

2* Tienes que compartir la publicación de este sorteo en tu muro o en algún grupo de lectura desde la misma página "Los libros de Grace Lloper" (para poder verificar)...
Es sencillo, con esto... ¡Ya estarás participando!
PREMIOS:
Habrá 6 (seis) ganadores, que podrán elegir entre tres premios digitales,
1* El libro "Dibújame" (Santuario de colores #1) de 450 páginas, o...
2* La serie "Crucero erótico" (3 libros, aprox. 500 páginas), o...
3* La serie "Mujeres Independientes" (3 libros, aprox. 600 páginas)
FECHA:
Se anunciarán los ganadores el día de Reyes, el sorteo se realizará por medio dehttps://www.randompicker.com entre todos los que cumplan los requisitos.

¿Te lo vas a perder? ¡¡¡FELICES FIESTAS, AMIG@S!!! Y prepárense para la publicación de "Píntame" (Santuario de colores #2) a inicios del 2.015... ;)



martes, 2 de diciembre de 2014

Pablo S. Martínez



Biografía:
Pablo S. Martínez nació en Madrid en mayo de 1979, hijo de una cantante y actriz de teatro: funcionario en un museo –y cumpliendo años en el día internacional de los museos-, y coleccionista de antigüedades, escribió su primera novela a los 18 años, vocación que se reveló en un verdadero manantial que le lleva a escribir continuamente como medio de expresar una vocación artística familiar. Usualmente se le ocurren más novelas de las que tiene tiempo para escribir, muchas de ellas inspiradas por películas del Hollywood clásico, aun cuando baste cualquier cosa, incluso una simple imagen, para inflamar su imaginación.
De formación autodidacta, las características que le definen son insólitas y singulares.
De condición retro desde la infancia pese a ser joven y una conexión especial con la cultura anglosajona pese a ser español, sus novelas están ambientadas esencialmente en Estados Unidos, siempre en tiempos pasados, desde los años 20 a los 70, aunque lo que le hace más diferente es su formación, pues, pese a ser escritor, nunca fue un gran lector, sino que todo cuanto aprendió lo hizo del cine –él dice que “escribe porque no puede hacer cine”-, lo que, unido esto a su condición vintage, hace que su narrativa sea clásica pero “visual”, como escritas películas de cine clásico aderezadas con su propia imaginación y denotando, siempre, más amor por la imagen que por las letras, y por tanto, una habilidad especial en que estas se conviertan fácilmente en imágenes en la imaginación del lector.
También es un teórico de la igualdad sexual, emparentado con el feminismo ilustrado (John Stuart Mill, Simone de Behauvoir, etc.), a cuya causa se ha entregado apasionadamente dedicando más de 10 años a un ensayo titulado “La verdad sobre la igualdad sexual”.
En novela ha cultivado especialmente el terror, el suspense y el drama romántico, siendo un denominativo común en todas ellas la defensa del amor entre hombre y mujer como el más poderoso medio de combatir la infelicidad humana.



¿Quién es Pablo? Cuéntanos.

Eso mismo me pregunto yo a veces; ¿quién es Pablo? Porque, si nos atenemos a las palabras de Scott Fitzgerald, “un escritor es muchas personas tratando de ser una sola”. Nací en Madrid en 1979, me crió mi madre tratando de salir adelante, y desde entonces siempre hemos estado juntos. Ya de adolescente el mundo empezó a decepcionarme, lo que, unido a mi timidez y a mi hipersensibilidad, me hizo refugiarme en mi mundo interior, lo que me llevó a crecer como en un invernáculo. De estas circunstancias y otras más saldrían las novelas que me hacen tan diferente como escritor. Mi asombro fue completo cuando, leyendo a Poe con 13 o 14 años, descubrí que las líneas con las que él se definía en un poema me describían más que si las hubiera escrito yo mismo (No fui en la infancia como los otros, y nunca vi como los otros vieron; mis pasiones yo no podía hacer brotar de fuentes iguales a las de ellos; y era otro el origen de mi tristeza; y era otro el cantar que despertaba, mi corazón para la alegría…) Me di cuenta entonces que algunas sensibilidades especiales no pueden encontrar su hueco en el mundo: si además atendemos a lo que dijo Agatha Christie (la tristeza es la cuna de la inspiración de todo escritor) tal vez puedo comprender que en general mi carácter esté siempre sumido en algún grado de melancolía porque es un misterio inherente a los escritores. Supongo que, como Poe, soy un alma torturada que escribe en sus libros lo que no encuentra en un mundo que le ha decepcionado terriblemente: la igualdad, la justicia, el amor. En mis novelas los hombres y las mujeres son iguales, el mal termina vencido por el bien por mucho que haga sufrir, y los seres humanos son capaces de amar a alguien más que a su vida; así que Pablo es un escritor que plasma en sus libros aquello que no encuentra en el mundo que le ha tocado vivir como medio de hacerse más soportable la vida.

Siendo que vienes de una familia de artistas ¿por qué escribir y no actuar o cantar por ejemplo?

Es verdad que el abuelo de mi madre era actor de teatro (solía interpretar el papel del comendador en Don Juan Tenorio y La herida luminosa) y que mi madre también lo fue, dedicándose además a cantar; trabajó en las compañías de Antonio Molina, Juanito Valderrama y Emi Bonilla recorriendo toda España, sólo por poner un ejemplo, y cantar es algo que parece yo heredé, pero mi verdadera vocación era la escritura. De pequeño sacaba buenas notas en lenguaje y más tarde escribir se reveló en un manantial que cabía aprovechar, unido a lo que los psicólogos del colegio llamaban “una imaginación desbordante”. No sé si será desbordante o no, pero no me cuesta idear novelas: eso lo deben decidir mis lectores. En la cabeza tengo una lista de espera con novelas que aún tengo que escribir, incluida la biografía de mi madre: la lista es tan larga que probablemente no tenga que idear ninguna novela nueva hasta que me haga viejo.

Dices que escribes desde los 18 años ¿Es esta tu primera publicación? Cuéntanos como fueron tus comienzos.

Hasta entonces había estado escribiendo relatos de terror; luego, a los 18, hice mi primera novela: siempre he dicho que aprendí a escribir en el capítulo 1 de aquella novela porque no paré de hacerle borradores hasta que quedó bien; también recuerdo que en el capítulo 9, cuando Arlene muere en brazos de su marido (se titulaba La muerte del cisne, Arlene era el cisne), me metí tanto en la historia que las lágrimas no me dejaban ver las teclas de la máquina de escribir y tenía que estar limpiándome a cada rato para poder terminarla. Claro que entonces no escribía como pueda escribir ahora. Por mucha “madera” que se tenga, tienes que aprender como los demás, eso sí, adelantando en un año lo que quienes no la tienen adelantan en tres o en cinco, lo que sucede también con el estilo. Al principio creí que me dedicaría sólo al terror, pero la verdad es que también me gustaba el drama romántico: pronto quedó claro que yo era polifacético porque escribía cualquier género, pues hasta en el ensayo me he metido. Sobre “Pavor en la noche” no es mi primera publicación, si bien he empezado a publicar hace poco, en cuanto me cansé de ser un anónimo escritor cuando otros que escribían peor que yo firmaban contratos de años por tener un apellido conocido. Se puede decir que es ahora cuando estoy empezando a salir del anonimato. En agosto una editorial digital de Barcelona me ha publicado “Camp RED VALLEY”, disponible especialmente en Amazon, una novela de terror inspirada en Viernes 13 que le mandé traducida a quien fue la protagonista de la película en 1980 y que le encantó. Otra editorial, esta inglesa pero con sucursal en España, me ha publicado en digital y en papel bajo demanda “La verdad sobre la igualdad sexual”, un ensayo en defensa de la igualdad que esbocé con 15 años, empecé a los 20 y que hace poco he terminado de retocar, de forma que he perdido la cuenta de los años que le he dedicado: ése también está en Amazon y otros sitios. Casi enseguida descubrí nED, y no sabía qué mandarle, porque yo siempre he escrito a máquina y apenas tenía novelas en digital, así que le mandé la única que había pasado a Word, “Pavor en la noche”, que escribí con 22 o 23 años y a la que aproveché a hacerle un buen borrador. Y así, la única novela de suspense que he hecho jamás terminó en manos de nED.

¿Por qué dices que eres un escritor vintage?

Para el común de los mortales, “vintage” es una moda aparecida hace poco, relativa sobre todo a la manera de vestir para escapar de una moda estandarizada y anodina o coleccionar cosas antiguas; en el caso de muchas chicas suele ser porque se identifican con el modelo pin up y se encuentran mejor vestidas y más femeninas, pero para ciertas personas es una condición en el más amplio sentido de la palabra: por ejemplo el General Patton vivió toda su vida convencido de que en una vida pasada había sido guerrero; y por todas partes, especialmente países anglosajones, hay personas que se diferencian de los meros aficionados a lo vintage por sentir una identificación con eras del pasado que ni ellos mismos saben explicar. Cuando digo que soy vintage es porque yo formo parte de ese pequeño porcentaje; siempre lo he hecho. Me he sentido tan inmensamente identificado con el pasado como ajeno al presente; y ahora, en el siglo XXI, me siento aún más fuera de lugar. Escribes a máquina, pides antigüedades a Santa Claus en lugar de ipods y smartphones, vistes clásico; no entiendes por qué para reivindicar algo hay que desnudarse y hacer un calendario o por qué para intentar ser feliz tienes que llenar tu casa de cosas que no necesitas. No entiendes por qué la gente compra ciertas cosas aun sabiendo que las han diseñado para romperse, no entiendes por qué son incapaces de confesar sus sentimientos si no es a través de una pantalla de cristal líquido, ni tampoco por qué la gente hoy siente tanta aprehensión a comprometerse con una pareja por ser ultra-celosos de su libertad y sin embargo dependen del móvil, del wassapp, de internet, de la moda, del consumo, casándose con el banco con hipotecones de 30 o 50 años para tener todo esto. Conduces un clásico porque los coches modernos son como ordenadores con ruedas, escuchas a Glenn Miller en lugar de a Shakira y prefieres que tus hijos vean a Lassie antes que a Los Increíbles: y como no te nace escribir sobre estos tiempos ambientas tus novelas en el pasado, y te conviertes en un escritor vintage porque el pasado es tu inspiración, tu todo. Y ni siquiera se puede decir que me lo hayan inculcado, porque hasta mi madre, cuya década fueron los 70, dice en broma que soy más viejo que Matusalén: mi abuelo también decía que él era un año más joven que yo. El único texto que dedico al presente es el ensayo, que a diferencia de las novelas lo escribo por sentir una obligación intelectual hacia mis semejantes, no por vocación.

Cuéntanos sobre “Pavor en la noche” ¿qué podemos esperar de ella?

Muchas novelas son una creación exclusivamente mía, mientras que otras están inspiradas en ciertas películas: “Pavor en la noche” ha sido definida como “una película escrita del Hollywood de los años 40”. Las películas en las que se inspira son filmes como El extraño, El sueño eterno o Perversidad (de la que toma la imagen de portada). Una agencia literaria que la examinó decía que era diferente en todos los aspectos; para ello aseguraba que les había gustado mucho porque mi manera de escribir permitía ver y “hasta oler” lo que estaba pasando al ser mi escritura muy gráfica, lo cual concuerda con las circunstancias. La norma de que todo escritor ha sido antes un gran lector no se cumple conmigo, porque yo no habré leído ni 50 libros en mi vida; incluso tienen tendencia a aburrirme si no son muy de mi gusto. En cambio, crecí viendo cine clásico y de terror. Lo que de veras me gusta es pues la imagen, pero si sabes cómo escribir es más fácil coger un lápiz y un papel que hacer una película; de hecho, si escribo es porque no puedo hacer cine. Es por eso que la gente dice que mis novelas son como películas escritas, y que mi escritura es “visual”, porque trato de convertir las letras en lo que no pueden ser, en imágenes, y el lector las visualiza como si “leyera” una película, siendo mi estilo muy gráfico y clásico a la vez, lo que hace, según la agencia, que no me parezca a nadie: pero soy vintage, y por eso, si escribo una novela ambientada en los años 40 parece de verdad escrita en los años 40, no ahora. Todo esto se aprecia en “Pavor en la noche”. En ella tenemos a un matrimonio que compra una casa en un pueblo de Ohio para cumplir su sueño de ser uno solo, enamorados hasta la desesperación; ella, Jennifer, una ejecutiva moderna e inteligente, muy de los años 40; él, Glenn, un secretario en una compañía de seguros, sensible y bondadoso, el matrimonio perfecto de una América, de un mundo, en el que a Dios gracias aún faltaban décadas para que el amor fuera presentado ante los ciudadanos como una amenaza contra el individualismo que se les inculca hoy para aislarlos y empujarlos a consumir. Este matrimonio se presenta como los matrimonios muy amantes son, con sus costumbres e instituciones, refugiados en la casa que su amor convierte en paraíso pese a las largas, tormentosas y lúgubres noches de noviembre: pero en este idilio que implica su nueva vida juntos pronto hace aparición una extraña incertidumbre. La casa fue puesta en venta como estaba, y al entrar la encontraron en un extraño desorden; entre los objetos que nadie retiró, destacan el retrato de una hermosa mujer muy parecida a Jennifer en la repisa de la chimenea, un gramófono con un disco rayado, un aparato de radio y una revista que siempre se abre por la página en la que un anuncio muestra a la muerte tratando de entrar en una casa; más adelante, la noticia de un crimen sin resolver un año antes que puso fin a la vida de un matrimonio amante creará en ellos una densa incertidumbre, lo que les llevará a viajar a Cleveland en busca de la mujer que les vendió la casa, momento en el que los acontecimientos se precipitarán dramáticamente. Es una novela de terror psicológico, de suspense, de ventosas y oscuras noches, de ruidos, de sospechas y temores, que retrata con devoción el espíritu de los años 40, la atmósfera de claroscuro, y aporta una fuerte dosis romántica gracias a la devoción que se profesa entre sí el matrimonio Langford.

¿Cuánto tiempo e investigación te llevó para darle vida a esta novela?

No mucho, porque al conocer el pasado no tengo que investigar ni documentarme como suelen tener que hacer los escritores “modernos” cuando ambientan una novela en épocas pasadas. Además, como era una novela de juventud que ya estaba escrita, sólo tuve que repasarla cuando la pasé a digital. Mucha gente me ha dicho que en lugar de 10 capítulos tendría que tener 20, de tanto que les ha gustado; críticas así alimentan a los escritores y nos animan a escribir.

¿Tienes manías a la hora de escribir?

Sí, aunque más que de manías yo hablaría de normas, de “sellos” distintivos. Uno de ellos es incluir siempre una historia de amor: sea una novela de terror o de suspense, o un drama, da igual lo que sea, siempre habrá un hombre y una mujer que se amarán contra todo lo que se les oponga, estén ya casados o acaben de conocerse. Otra norma o sello de la casa es que los amores del montón, o de pasto, son para los personajes secundarios, porque los protagonistas están unidos por el amor de verdad, shakesperiano, a fondo perdido, o lo estarán si acaban de conocerse. No es amor el amor que no arrasa; ¿brinda acaso un tizón el calor de una hoguera? decía el sabio árabe Omar Khayyam en el siglo XI, y es verdad: si en cuestión por ejemplo de dinero, todo el mundo dice que cuanto más mejor, ¿por qué conformarse en el amor con sucedáneos? Estoy harto de historias que pretenden ser de amor y dan con sus protagonistas en el limbo del adulterio, la traición, las peleas, las discusiones o las seducciones a manos de terceros por mucho que se reconcilien después, porque el amor es como un barco; si hace agua, por pequeño que sea el agujero, terminará hundiéndose, y hacer el amor sin amor no deja de ser una hipocresía. A mis personajes no los separa ni las circunstancias ni el tiempo, ni siquiera la muerte, porque cuando aman, aman más que a su vida, y son perfectamente capaces de renunciar a ella; no discuten ni tienen crisis porque son almas gemelas, y no encuentran esta igualdad aburrida porque el ser almas gemelas les lleva a admirar sus virtudes y a comprender sus defectos. La disimilitud puede atraer, pero lo que retiene es la semejanza, escribía John Stuart Mill en “La sujeción de la mujer” de 1869; una reunión de dos caracteres virtualmente distintos es un fútil sueño. Puedo decir que lo que más me impulsa a ser un escritor romántico es combatir la campaña de descrédito de la que el amor es víctima hoy día sólo porque obstaculiza los intereses del capitalismo desnortado, que ha conseguido incluso valerse de las feministas para ello (no hay más que oír las barbaridades que dicen del amor romántico). El amor siempre existirá porque es inherente a nosotros, pero sí pueden confundirnos comprando nuestra voluntad con sexo barato para que basemos las relaciones en él y naufraguen. Frente a ellos tenemos a intelectuales como la filósofa María Zambrano, Zigmunt Bauman o el psiquiatra Jaques Lacan que aseguraban lo mismo que acabo de decir yo, siendo por eso que en mis novelas siempre hay una historia que se encarga de recordar al lector lo que el ser humano es capaz de hacer por amor en una era que yo califico de terrorismo sentimental. Para terminar, otra de las normas o de costumbres que tengo como escritor es desproveer a mis personajes de los estereotipos de género, o sea; que los hombres no estén condicionados por la masculinidad ni las mujeres por la feminidad, que a Dios gracias siempre han existido. Mis mujeres son modernas y fuertes, independientes, feministas antes de que el nombre se echara a perder, un poco como Katharine Hepburn o Maureen O’Hara; mis hombres recuerdan un poco a Robert Redford; afectuosos y amables con ellas, sensibles, amantes. Retirando los estereotipos de género que las condicionan desde la infancia, ambas psicologías se igualan automáticamente, y el resultado contribuye a dar a mis novelas la singularidad que se dice tienen.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

El más importante lo tengo casi firmado; un contrato de 7 años con la editorial romántica más grande del mundo que publicará un drama romántico inspirado en El gran Gatsby. Ahora mismo tengo cerca de 4 novelas que quieren ser escritas a la vez, así que pasaré a digital una de terror que escribí cuando tenía 27 años, “Andando en sueños”, (inspirada en El resplandor) sobre un antiguo transatlántico repleto de fantasmas en una travesía Londres-Nueva York sin apenas pasaje, y empezaré a máquina un proyecto nuevo, “The Damned Antiques”, que va sobre antigüedades malditas (creo mucho en la parapsicología), cada una con un poder peor que la anterior. Pero luego tengo Summer Fear, (inspirada en La matanza de Texas), Metropolitan Hotel, (Grand Hotel), Mundanes, Cards & Cocktails (Cena a las ocho), Half-Light (Poltergeist), Corinne Broderick & her Gang, Nombre en clave: Maybe, Summer of 1947 (no inspiradas en nada, invenciones propias), y más, y más, y más… Como he dicho, tengo novelas en lista de espera hasta que me vaya del mundo.

¿Cuál es tu opinión acerca de la auto publicación y la publicación a través de editorial?

Si tengo que hablar por mí, la auto publicación no me gusta. El ensayo ahora publicado fue co-editado en papel en febrero de 2012, me llenaron la casa de libros y me abandonaron a mi suerte; con la portada y la publicidad que hicieron más parecía que querían que fracasara, así que no me gusta. Hay muchas trampas urdidas a costa de la ilusión de los escritores noveles, como una editorial francesa que estafó a media España y luego despareció sin publicar nada (yo perdí 3500 euros). Otras te dicen que imprimen y las impresiones son de pésima calidad, y las que parecen que se ocupan de todo y te venden que son un camino de rosas ocultan la trampa de que en la presentación que ellos te organizan debes conseguir vender por contrato cierta cantidad de ejemplares; es una trampa, porque de no serlo no se negarían a contestarte cuando les preguntas qué pasa si no lo consigues. Así que es mucho mejor por editorial. Las grandes es muy difícil que te hagan caso si no tienes un nombre, y las pequeñas creen más en ti y a menos que sean de auto o co-edición suelen portarse bien dentro de sus posibilidades.

¿Digital o papel?

Todo el mundo prefiere papel, pero para los que empezamos es mejor en digital: si se trata de crearte un nombre, llegas a todo el mundo con más facilidad y tu obra se da a conocer mejor porque cuesta poco dinero. Si las ventas lo justifican el papel ya llegará solo.

Gracias por tu amabilidad, bienvenido a mi blog.

Gracias a ti. Un beso.




Sinopsis:
Youngstown, Ohio, 1946.
Unidos por un amor sobrehumano, Jennifer y Glenn Langford compran una casa donde asentarse y vivir su matrimonio, pero al entrar la encuentran en un extraño desorden: entre los objetos que nadie retiró, destaca el retrato de una mujer muy parecida a Jennifer en la repisa de la chimenea. Tratando de librarse de la sensación de misterio acrecentada por las tormentosas noches de noviembre, el matrimonio se centra en sí mismo y en Edith, su mejor amiga, sin preguntarse por qué el disco que estaba en la casa está rayado o por qué el aparato de radio produce un horripilante silbido cada vez que lo encienden. Una atmósfera malsana parece pesar sobre la casa y sus objetos.
Pronto descubren algo que no esperaban; en una de las pocas casas de Halfway Street, hubo un crimen que sigue sin resolver un año después. La posibilidad de que tuviera lugar en su casa hace a Glenn acabar en el apartamento de la mujer que fue a buscar, la que les vendió la casa, en busca de respuestas: cuando las obtiene, halla mucho más de lo que esperaba. Al volver espantado por lo que ha averiguado, recibirá esa misma noche una llamada de Edith que lo cambiará todo, hasta el punto de que Jennifer y él se verán obligados a pasar una noche de pavor para defender la vida que han proyectado vivir juntos.
Llegados a ese punto sin retorno, solo su amor podrá salvarlos.




¡Bienvenido Pablo!


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